En el jardín de sombras florecen,
rosas negras de aroma lúgubre,
sus pétalos danzan en la penumbra,
tejiendo versos de un destino funesto.
En la oscura paleta de la noche,
la rosa negra alza su corola,
un susurro de la muerte se desliza,
entre espinas que ocultan secretos.
Su fragancia, un perfume de despedida,
se mezcla con la brisa del ocaso,
y en cada pétalo marchito y oscuro,
se esconde la esencia de un adiós.
Las raíces se entrelazan con la tierra fría,
mientras las sombras abrazan su tallo,
la rosa negra, testigo silente,
de historias que el tiempo no olvida.
En su misteriosa danza nocturna,
se despliegan las alas de la tragedia,
y el jardín, morada de susurros fúnebres,
se viste con el luto de la eternidad.
Oh, rosa negra, símbolo de lo efímero,
con tu perfume embriagador de despedida,
en tu silueta se dibuja la paradoja,
del arte que brota en la muerte contenida.
Que el jardín de sombras conserve tu leyenda,
rosa negra, flor de oscuro misterio,
donde la muerte y la belleza se entrelazan,
en un vals eterno de trágico destello.

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