En la olla burbujeante danza el oro,
caldo de pollo, elixir que devoro.
Aromas que flotan, abrazan mi ser,
en cada cucharada, placer de comer.
En la cocina, el fuego danza,
y el caldo perfuma con su esperanza.
Hierbas y especias, secretos guardados,
en este brebaje, sabores amados.
El pollo cocina en su jugo, se entrega al caldo,
un pacto de arrullo.
Su carne se entrega, tierna y sabrosa,
un manjar caliente que el alma endulza.
En la taza humeante, vapor que asciende,
caldo de pollo, remedio que atiende.
Con cada sorbo, el frío se va,
abriga el cuerpo, en su magia está.
En días grises, en noches de invierno,
el caldo de pollo es mi tierno infierno.
Revive memorias, consuela el dolor,
es bálsamo cálido, es puro amor.
Así, en la mesa, el cuenco reposa,
caldo de pollo, poesía sabrosa.
En cada gota, la cocina canta,
un verso caliente que el hambre encanta.

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