Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

En un pequeño pueblo de la costa, vivía una pareja de jóvenes invisibles. Se llamaban Lucía y Daniel, y se habían conocido desde niños. Eran los únicos seres invisibles del pueblo, y por eso siempre se habían sentido un poco aislados.

Lucía era una joven de cabello largo y negro, con unos ojos verdes que brillaban como esmeraldas. Daniel era un joven alto y delgado, con unos ojos azules que transmitían paz y tranquilidad.

Lucía y Daniel se enamoraron desde el primer momento en que se conocieron. Se pasaban horas hablando y riendo juntos, y siempre se sentían felices cuando estaban cerca del otro.

Sin embargo, su amor también era un desafío. La gente del pueblo no podía verlos, y por eso a menudo se sentían rechazados. A veces, la gente incluso les tenía miedo.

Un día, Lucía y Daniel decidieron abandonar el pueblo. Querían encontrar un lugar donde pudieran ser felices sin tener que esconderse.

Viajaron por el mundo, y en cada lugar que visitaban encontraban nuevos desafíos. A veces, la gente les rechazaba, y otras veces les tenía miedo. Pero también encontraban personas que los aceptaban tal y como eran.

Un día, Lucía y Daniel llegaron a una pequeña ciudad. Allí, conocieron a una pareja de ancianos que les acogieron en su casa. Los ancianos les hablaron de la importancia del amor, y les ayudaron a entender que su amor era algo especial.

Lucía y Daniel se quedaron a vivir en la pequeña ciudad. Allí, abrieron una pequeña tienda, y empezaron a ganarse la vida con su trabajo.

La gente del pueblo empezó a aceptarlos, y pronto se convirtieron en parte de la comunidad. Lucía y Daniel eran felices, y su amor era más fuerte que nunca.

Un día, Lucía y Daniel estaban paseando por el bosque cuando se encontraron con un grupo de niños. Los niños estaban jugando, y se reían a carcajadas.

Lucía y Daniel se detuvieron a mirarlos. En ese momento, Lucía sintió algo extraño. Se dio cuenta de que los niños podían verla.

Los niños se detuvieron de jugar y miraron a Lucía y Daniel con curiosidad.

  • ¿Quiénes sois? – preguntó uno de los niños.

Lucía y Daniel sonrieron.

  • Somos Lucía y Daniel – dijo Lucía.

  • ¿Y por qué sois invisibles? – preguntó otro niño.

  • Porque somos especiales – dijo Daniel.

Los niños se miraron entre sí. Luego, volvieron a mirar a Lucía y Daniel.

  • Sois muy especiales – dijo uno de los niños.

Lucía y Daniel se rieron.

  • Gracias – dijo Lucía.

Los niños volvieron a jugar, y Lucía y Daniel siguieron su camino. Lucía se sentía feliz. Había descubierto que su amor era tan especial que incluso podía hacer que los demás la vieran.

Lucía y Daniel vivieron felices para siempre en la pequeña ciudad. Su amor era un ejemplo para todos los que los conocían, y les enseñó que el amor puede superar cualquier desafío.

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