En el cuarto de una habitación,
cuatro comentaristas borrachos,
relatan una partida de LoL,
del mundial de Corea del Sur.
El juego está muy reñido,
y los comentaristas están muy emocionados,
hablan a toda velocidad,
y se ríen sin parar.
«¡Mira ese gank!», grita uno,
«¡Es increíble!», exclama otro,
«¡Este juego es de locos!», dice el tercero,
«¡No puedo creer lo que estoy viendo!», remata el cuarto.
Los comentaristas beben cerveza,
y comen bocadillos,
y cada vez están más borrachos,
y su relato se vuelve cada vez más surrealista.
«¡El jungla de T1 es un dios!», dice uno,
«¡El tirador de RNG es un robot!», exclama otro,
«¡El mid laner de DWG KIA es un genio!», dice el tercero,
«¡El support de G2 Esports es un crack!», remata el cuarto.
El juego llega a su fin,
y los comentaristas se abrazan,
han disfrutado mucho del partido,
y están muy contentos con el resultado.
«¡Ha sido un partido increíble!», grita uno,
«¡Ha sido un partidazo!», exclama otro,
«¡Ha sido un partidazo de la leche!», dice el tercero,
«¡Ha sido un partidazo de la hostia!», remata el cuarto.
Los comentaristas se van de la habitación,
brillando a la luz de la luna,
y dejando atrás una estela de risas,
y cerveza.

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