Mosquito se encontraba volando por el campo, buscando un lugar fresco para descansar. De repente, vio una pelota de estiércol en el suelo.
Mosquito nunca había visto una pelota de estiércol antes. Era grande y redonda, y tenía un olor muy fuerte. Mosquito se acercó a la pelota y la tocó con su pata. La pelota era suave y pegajosa.
Mosquito comenzó a jugar con la pelota. La empujaba con su pata, la hacía rodar por el suelo. Mosquito se divertía mucho.
De repente, Mosquito oyó un ruido. Miró hacia arriba y vio a un perro. El perro estaba corriendo hacia él, ladrando.
Mosquito se asustó mucho. Se dio la vuelta y empezó a volar. El perro lo perseguía.
Mosquito volaba tan rápido como podía, pero el perro era más rápido. El perro estaba a punto de atraparlo.
Entonces, Mosquito tuvo una idea. Se acercó a la pelota de estiércol y la agarró con su boca. Luego, la lanzó al perro.
La pelota de estiércol le dio al perro en la cara. El perro se asustó y se alejó corriendo.
Mosquito se rió. Había salvado el día.
Mosquito siguió volando, llevando la pelota de estiércol con él. Encontró un árbol y se sentó en una rama.
Mosquito miró la pelota de estiércol. Era una pelota extraña, pero le había traído mucha suerte.
Mosquito decidió que se quedaría con la pelota. La guardaría como recuerdo de su aventura.
Y así, Mosquito y la pelota de estiércol se convirtieron en amigos inseparables.

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