Aquella época de sueños y esperanzas,
de amores y desamores, de risas y lágrimas,
se ha esfumado como un espejismo.
Los años han pasado,
y ya no soy aquel niño,
que soñaba con un futuro brillante.
La adolescencia se ha ido, y con ella,
la inocencia y la pureza.
Ahora soy un adulto,
con preocupaciones y responsabilidades.
Pero aún recuerdo, con nostalgia,
aquellos años de juventud,
que nunca volverán.

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