En las profundidades del averno,
donde el fuego y el azufre reinan,
hay un lugar de oscuridad y dolor,
donde los pecadores son condenados a arder.
Los condenados vagan por las calles,
en busca de un poco de alivio,
pero solo encuentran más sufrimiento
y la desesperación los consume.
El diablo, el amo de este lugar,
se ríe de su dolor
y los castiga sin piedad
por sus pecados en la tierra.
Los condenados gritan de agonía,
pero nadie los escucha,
están solos en su sufrimiento
y su destino es eterno.

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