Había una vez un bebé oruga y una bebé hormiga que vivían en un tronco en medio de un bosque profundo y oscuro. El tronco era hueco, y las dos criaturas lo habían convertido en su hogar.
La oruga era una criatura curiosa y aventurera. Le encantaba explorar el bosque, y pasaba sus días descubriendo nuevas cosas. La hormiga, por su parte, era una criatura trabajadora y responsable. Se encargaba de recolectar comida para ella y para su familia.
Un día, la oruga estaba explorando el bosque cuando se encontró con la hormiga. La hormiga estaba trabajando duro para transportar una hoja de hierba a su hormiguero.
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¿Qué estás haciendo? – preguntó la oruga.
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Estoy recolectando comida para el invierno – respondió la hormiga.
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¿Invierno? – preguntó la oruga. – ¿Qué es eso?
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Es una época del año en la que hace mucho frío – explicó la hormiga. – Si no tenemos comida, moriremos de hambre.
La oruga se quedó impresionada por el trabajo de la hormiga. Nunca había visto a un insecto trabajar tan duro.
- ¿Puedo ayudarte? – preguntó la oruga.
La hormiga se sorprendió. Nunca había visto a una oruga ofrecerse a ayudar a una hormiga.
- Claro – respondió la hormiga. – Me ayudarías mucho.
La oruga y la hormiga trabajaron juntas para transportar la hoja de hierba al hormiguero. La oruga estaba muy contenta de haber ayudado a la hormiga.
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Gracias por tu ayuda – dijo la hormiga. – Eres una amiga muy amable.
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De nada – respondió la oruga. – Me alegra haberte ayudado.
La oruga y la hormiga se hicieron amigas inseparables. Pasaban sus días explorando el bosque juntas, y siempre estaban dispuestas a ayudarse mutuamente.
Un día, la oruga empezó a sentirse cansada. Ya no tenía ganas de explorar el bosque. Se pasaba los días sentada en el tronco, comiendo hojas.
La hormiga se preocupó por su amiga.
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¿Qué te pasa? – preguntó la hormiga.
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No lo sé – respondió la oruga. – Me siento rara.
La hormiga llevó a la oruga a ver a una vieja mariposa. La mariposa era muy sabia, y sabía mucho sobre las orugas.
- La oruga está a punto de transformarse en una mariposa – dijo la mariposa. – Es un proceso natural.
La hormiga se quedó impresionada. No sabía que las orugas se convertían en mariposas.
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¿Cuánto tiempo tardará? – preguntó la hormiga.
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Unos días – respondió la mariposa. – Mientras tanto, la oruga debe descansar.
La hormiga llevó a la oruga de vuelta al tronco. La oruga se acostó en una hoja y se quedó dormida.
Al cabo de unos días, la oruga se despertó. Se miró en el espejo y se quedó sorprendida.
¡Ya no era una oruga! Ahora era una mariposa.
La mariposa estaba muy contenta. Voló por el bosque, y pronto encontró a la hormiga.
- ¡Hola! – dijo la mariposa. – ¡Soy una mariposa!
La hormiga se quedó impresionada. Nunca había visto a una mariposa tan hermosa.
- ¡Eres preciosa! – dijo la hormiga.
La mariposa y la hormiga siguieron siendo amigas durante muchos años. La mariposa volaba por el bosque, y la hormiga trabajaba duro en su hormiguero. Pero siempre se encontraban para jugar y divertirse juntas.

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