Palabras hirientes,
como dagas en el alma,
que atraviesan la piel
y dejan una herida abierta.
Palabras hirientes,
como puñales en el corazón,
que desgarran los sentimientos
y dejan un dolor profundo.
Palabras hirientes,
como flechas en los ojos,
que nublan la visión
y dejan una cicatriz imborrable.
Palabras hirientes,
como golpes en la cara,
que dejan un sabor amargo
y una marca que no se borra.
Palabras hirientes,
que hieren y matan,
que dejan un rastro de dolor
que es difícil de olvidar.

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