Manuel y Yolanda habían planeado unas vacaciones inolvidables en una isla remota y frondosa. Habían oído hablar de su belleza natural y decidieron aventurarse en un viaje que prometía ser un escape perfecto de la rutina diaria. Lo que no sabían era que esta escapada se convertiría en una pesadilla de terror que nunca olvidarían.
Llegaron a la isla en un pequeño bote después de un largo viaje en avión y se encontraron con un paraíso natural. La isla estaba cubierta de exuberante vegetación, con playas de arena blanca y aguas cristalinas que invitaban a nadar. Establecieron su campamento en una zona tranquila cerca de la playa, emocionados por la aventura que les esperaba.
Los primeros días transcurrieron sin problemas. Pasaron sus horas explorando la isla, nadando en las aguas cálidas y disfrutando de los atardeceres espectaculares. Sin embargo, a medida que caía la noche, comenzaron a notar cosas extrañas. Voces susurrantes en el viento, sombras que se movían entre los árboles y extraños sonidos que provenían del interior del bosque.
Una noche, mientras estaban sentados alrededor de la fogata, escucharon un aullido escalofriante que parecía provenir de las profundidades del bosque. Manuel se levantó, nervioso, y dijo: «Debemos averiguar qué está pasando, Yolanda. No podemos ignorar esto».
Con linternas en mano, se adentraron en el espeso bosque. A medida que avanzaban, las ramas crujían bajo sus pies y el aire se volvía más espeso con cada paso. De repente, una figura sombría se les apareció entre los árboles. Era una criatura retorcida, con ojos brillantes y afilados colmillos. Gruñía de manera amenazante.
Manuel y Yolanda retrocedieron horrorizados, pero pronto se dieron cuenta de que no estaban solos. Más criaturas, cada una más aterradora que la anterior, emergieron de la oscuridad. Eran monstruos sobrenaturales, horrores que solo habían existido en leyendas y pesadillas.
Corrieron desesperadamente, perseguidos por las criaturas, que parecían estar bajo el control de una fuerza maligna. La isla que una vez fue un paraíso se había transformado en un infierno oscuro y aterrador. Manuel y Yolanda se refugiaron en una cueva mientras las criaturas se agolpaban en la entrada, emitiendo gruñidos y susurros siniestros.
Dentro de la cueva, Manuel y Yolanda encontraron inscripciones antiguas en las paredes que hablaban de un antiguo ritual oscuro que había sido realizado en la isla hace siglos. Parecía que las criaturas eran el resultado de ese ritual y estaban atrapadas en la isla desde entonces.
Desesperados por encontrar una manera de escapar, Manuel y Yolanda decidieron intentar deshacer el ritual. Armados con las inscripciones y sus últimas fuerzas, realizaron un contra conjuro mientras las criaturas arremetían contra ellos.
Hubo una explosión de luz y un rugido ensordecedor. Cuando la luz se desvaneció, Manuel y Yolanda se encontraron de vuelta en su campamento, en una isla que ya no estaba infestada de monstruos sobrenaturales. Habían tenido éxito en su lucha contra el mal antiguo, pero las cicatrices de esa noche de terror nunca desaparecerían.
Decidieron abandonar la isla al día siguiente, conscientes de que habían enfrentado lo inimaginable. Aunque su viaje se había convertido en una pesadilla, sabían que habían sobrevivido a algo que la mayoría de la gente nunca podría comprender. Juntos, regresaron a casa, llevando consigo la historia de su enfrentamiento con los monstruos sobrenaturales en la isla frondosa, una historia que nunca olvidarían y que les perseguiría en sus pesadillas durante el resto de sus vidas.

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