Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Elena era una mujer de mediana edad que vivía en una pequeña casa en el campo. Era amable y trabajadora, pero también era muy solitaria. Su marido había muerto hacía muchos años, y sus hijos se habían ido a vivir a la ciudad. Un día, decidió que quería hacer algo para cambiar su vida. Quería sentirse más feliz y más conectada con la naturaleza. Así que decidió plantar un jardín en el pequeño huerto que tenía al lado de su casa. Elena no sabía nada de jardinería, pero estaba decidida a aprender. Se compró un libro sobre el tema y empezó a leerlo. También se compró un pico y empezó a cavar la tierra. Trabajó duro durante muchas semanas. Cavar la tierra era un trabajo duro, pero Elena no se rindió. Al final, consiguió cavar un gran agujero en el suelo. Luego, empezó a plantar semillas. Plantó flores de todos los colores, así como árboles y arbustos. También plantó algunas verduras y hierbas aromáticas. Cuidaba de su jardín todos los días. Regaba las plantas, las abonaba y las podaba. También se sentaba en el jardín a leer o a escuchar música.

Con el tiempo, el jardín de Elena se convirtió en un lugar hermoso y lleno de vida. Las flores florecían en todos los colores, los árboles y los arbustos se llenaban de hojas, y las verduras y las hierbas aromáticas crecían sanas y fuertes. Se sentía muy feliz con su jardín. Le daba alegría y le hacía sentirse más conectada con la naturaleza. También le hacía sentir menos sola, ya que tenía un lugar al que podía ir para relajarse y disfrutar de la belleza de la vida. Un día, sentada en el jardín cuando vio a un niño jugando en el campo. El niño se acercó al jardín y empezó a admirar las flores.

«¡Qué bonito jardín!», dijo el niño.

Elena se sonrió. «Gracias», dijo. «Lo he trabajado mucho».

El niño se quedó un rato más admirando el jardín. Luego, se despidió de Elena y se fue.

Elena se sintió feliz de haber podido compartir su jardín con el niño. Sabía que su jardín era un lugar especial, y que podía traer alegría a los demás.

Elena siguió cuidando de su jardín durante muchos años. Fue un lugar de alegría y de felicidad para ella, y también para muchos otros.

Deja un comentario