Me rompes el morro
con tu aguja antitetánica
después de clavarme la katana
cortando una barra de pan.
Y me hinchas el brazo
de ese liquido progresivo
que se pone a lo largo del tiempo
para poder volver a vernos.
Me preparas la próxima cita
con una sonrisa en los labios
te gusta clavarme cosas
como si fuera tu muñeco de vudú.
Y no es que me queje demasiado
ni sea una llorona desembragada
pero quizás y por un día
como seres normales podamos quedar…

Deja un comentario