En el primer tiempo
de mis anomalías naciste tu,
cosa sin nombre y espectro
de hechizo a cebolla y perejil.
Del segundo tiempo
surge un hombre que no vale nada,
tostada quemada por imposición
de la inteligencia entre tus muslos.
Al tercero tiempo ya ni me acuerdo
siendo un martes y trece lluvioso,
metáfora del liquido seminal
que se escurre de tus labios.
Y como no hay tres sin cuatro
he aprendido a sufrir,
los números de circo que montas
para que ponga un pie en la calle.
Quinto tiempo del reloj sin esfera
huele a madera de pino recién cortada,
la tierra esta levantada hace montículo
y me preparo a cagar en mi agujero.

Deja un comentario