Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

En un susurro de la noche estrellada,

un mosquito danzaba, ligero y veloz,

en el aire de sueños, su vuelo trazaba,

sin saber que su destino cambiaría después.

Un ojo cansado, de parpadeo lento,

guardaba secretos en su mirar profundo,

sin esperar el encuentro violento,

de aquel insecto curioso, pequeño y oriundo.

Una picadura fugaz, un sutil pinchazo,

como el beso del viento en la piel desnuda,

el mosquito dejó su huella con acaso,

insignificante, apenas una sombra menuda.

Pero en el ojo, el impacto surgió,

una danza de lágrimas, un ardor repentino,

como un poema triste, que nadie escribió,

el dolor se hizo poesía en aquel camino.

El mosquito, sin sospechar su culpa,

siguió su vuelo errante, sin remordimiento,

mientras el ojo, herido, buscaba disculpa,

en la noche silente, sin ningún aliento.

Así, el mosquito se fue, sin saber su papel,

un instante en la vida, una pequeña tragedia,

y el ojo, marcado por aquel breve cuartel,

guardó el recuerdo de esa ínfima comedia.

En el vasto universo, un encuentro efímero,

entre dos seres, inconscientes del destino,

un mosquito y un ojo, un momento sincero,

que dejó una huella en el alma, clandestino.

Así es la vida, un tejido de encuentros,

entre lo diminuto y lo eterno,

un mosquito en un ojo, un instante dentro,

de la eternidad, donde hallamos nuestro invierno.

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