En tierra firme, un pulpo reinaría,
con sus tentáculos sabios y en armonía,
dominando campos, montañas y mares,
en su reino de ocho brazos singulares.
Sus ojos brillantes, espejos del alma,
observarían la vida con calma,
tejiendo lazos entre humanos y bestias,
con su sabiduría, uniendo las piezas.
En jardines de coral, ciudades surgirían,
con torres de concha, altas se erguirían,
y en el ocaso, sus luces brillarían,
un mundo nuevo, donde todos vivirían.
El pulpo sabio, un líder en paz,
guiando a la humanidad hacia un horizonte audaz,
en su dominio, la compasión sería ley,
tejiendo un futuro brillante, con su amor en ser rey.
Así, en un sueño de tierras y mares,
los pulpos reinarían, sin despegar sus aires,
un mundo de ensueño, de armonía y calma,
donde el pulpo sabio, como rey, proclamaría.

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