En el alba del lunes, tras un dulce desvelo, la vida se alza, perezosa, desde su anhelo, después de un fin de semana lleno de alegría, se despierta el alma, con fuerza y energía.
Las sábanas cálidas nos susurran al oído, intentando retenernos en su abrazo querido, pero el deber nos llama, con voz insistente, y es hora de enfrentar la rutina nuevamente.
Aunque el despertador suene con rudeza, nuestro corazón late con renovada belleza, los recuerdos del fin de semana se despliegan, como notas de música, en un lienzo de seda.
El sol asoma tímido, entre nubes de algodón, iluminando el camino con su cálido resplandor, los pájaros entonan su alegre melodía, como invitándonos a vivir con plena armonía.
Nos vestimos con entusiasmo, paso a paso, dejando atrás el descanso, pero no el abrazo, los encuentros felices y risas compartidas, nos acompañan en la jornada, como almas unidas.
Las tazas de café nos llenan de energía, despertando los sentidos con su esencia bravía, el aroma embriagador nos envuelve con dulzura, preparándonos para enfrentar la jornada con ternura.

Deja un comentario