En épocas antiguas, cuando el mundo era joven, había gigantes que la tierra habitaban, colosos de fuerza y estatura imponente, seres legendarios que la historia relataban.
Eran titanes majestuosos, de paso lento, sus pisadas resonaban como truenos en el suelo, con sus cuerpos de gigantes, tan firmes y robustos, eran testigos de un tiempo de héroes y de anhelos.
Alzaban montañas con sus manos poderosas, y desafiaban al viento con su risa atronadora, dominaban los mares y cruzaban los ríos, en su presencia, el mundo parecía más grande y gloriosa.
Pero el tiempo implacable los redujo a leyenda, sus historias se volvieron susurros en la memoria, hoy solo quedan huellas en antiguas montañas, y en las palabras de los cuentos de la historia.
Pero aún en la noche, cuando la luna brilla alta, puede escucharse un eco, un suspiro de aquellos seres, los gigantes que habitaron nuestra amada tierra, viven en nuestros sueños, en nuestros deseos más sinceros.
Así, aunque el tiempo haya borrado su estampa, y solo seamos polvo en el viento que pasa, los gigantes perduran en el alma de los hombres, como recuerdo eterno de una era que ya no regresará.

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