En las comisuras de los ojos, un velo de sombras y misterio, se deposita la mugre en desvarío, un rastro de días y sueños perdidos. Son pequeñas partículas del olvido, que se aferran a las pestañas cansadas, testigos mudos de lágrimas derramadas, historias ocultas que han sido heridas. La mugre de los ojos, sutil y persistente, es un mapa del tiempo y la existencia, un recordatorio de risas y melancolía, que se esconde en la mirada, en la esencia. En cada mota de polvo, un viaje secreto, un fragmento de vida que se ha desprendido, y se mezcla con los destellos del universo, en la intimidad de los párpados dormidos. La mugre de los ojos, un poema silente, un lienzo oscuro lleno de narrativas, donde se entrelazan sueños y realidad, en los rincones más profundos de nuestras vidas. Así que no temas a la mugre de los ojos, abrázala como parte de tu esencia, pues en su humilde suciedad y despojos, se esconde la belleza de nuestra experiencia.

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