En un rincón tranquilo y acogedor
dos amigas se encontraron sin temor,
la tarde se tiñó de risas y confidencias
mientras el café bailaba en las tazas calientes.
Entre sorbos delicados y suspiros en el aire
tejieron historias y sueños sin desaire,
cada palabra se unía como hilos de ternura
entre notas de café y sonrisas con dulzura.
El aroma invadía la atmósfera amistosa
mientras las miradas se encontraban curiosas,
las manos acariciaban las tazas con cariño,
en ese café caliente, íntimo y genuino.
El tiempo parecía detenerse en sus pláticas
dos almas entrelazadas, amigas en batallas,
ese café era testigo de sus sueños compartidos,
un elixir de amistad que nunca sería olvidado.
Y así, entre susurros y miradas cómplices
el café guardaba secretos sin reproches,
dos amigas que encontraron en él su refugio,
una taza de café que les regaló el abrigo.
Y cuando el encuentro llegó a su final,
se abrazaron con fuerza,
el café se enfrió, pero su calor perduró,
en el corazón de dos amigas.

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