Hoy te escribo con mis sentidos mermados, con la capacidad disminuida y con la confusión de que me faltan partes de mi memoria a largo plazo, las de corto plazo son inexistentes pues no hay nada que las pueda producir excepto la apatía y la desazón.
Andar sobre el hilo de una araña sin serlo es como ser trapecista en el espacio sin nada a lo que aferrarse, así veo yo mi día a día, sin nada que me sujete a la tierra, sin nadie que me ayude a templar el temporal que se arremolina a mi alrededor.
Echo en falta una conversación de verdad, no de las que tienes con un psiquiatra que intenta que tu cerebro no se vuelva loco por el dolor que envía a todo el cuerpo como hordas de asesinos, una conversación que reavivara esas ascuas y prendieran un fuego moribundo, ya no hablo del romanticismo, hablar de cualquier cosa presente me llenaría.
En mi cueva sólo el canto de los pájaros rompen el silencio, entre ellos si hablan y me miran, creo que hasta sienten mi tristeza y soledad. He llegado a un acuerdo con ellos, les dejo migas de pan en un plato en la mesa de la terraza y ellos me acompañan todo lo que pueden, hasta que las águilas hacen su ronda, entonces como yo no salen de su escondite.

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