Tengo la llave del destino
como absurdo aborto del tiempo,
como sangre cuaresmal
irritada por la arena como adoquines,
permisiva
absolutamente puta,
entre rizos de metal
y sepulturas de ojos de papel,
termita del agujero
donde serás metida,
abriéndote sin resistencia
a la fogosidad de un giro.

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