Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Me patina el cerebro

cuando me rascas la oreja,

se me caen los huesos

cuando soplas a mi ombligo.

Me chasquean los dedos

cuando me tuerces la vista,

me sudan los tobillos

cuando te entra la risa.

Me duele la nuca

cuando te marchas,

se me empalma

como resorte el dedo índice,

voluntad impropia

del chirrido de mis tripas.

Te saluda mi lengua

enamorada de la tuya,

me escupes en un ojo

y me das los buenos días.