Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Tu muerte me supo a plomo

y a ácido al final de mis venas,

a cristalinos cegados por la sal

ventisca del freno a mis palabras.

Que te reencarnases en vida

es lo único que consuela,

no hay mayor derrota del hombre

que quedarse por delante de su costilla.

Y si bien los sueños otorgan

paz en el camino de las pesadas cadenas,

dime como vivir el día a día

sin perder mi cabeza.