Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Las calles malditas

donde creció mi chica,

de locales endiablados

y gentuza con pianos.

Donde se comían los mocos

pesetas de gominolas,

siempre hacían lo mismo

antes de partir piernas.

Y querían cantar

de manera pandillera,

a las más perras

les daban cantinela.

Pero no se preocupaban

sus mundos eran vicio,

pero no perdían el juicio

ni tampoco la cabeza.