La ruina de la mente
es precipitarse a lo loco
como la quema de neuronas
el aplazamiento de lo querido.
Pero como lluvia tardía
el semblante del caos
deja ver todas las arrugas
del viejo corazón.
Y como un contador
dando marcha atrás sin frenos
todo aquello en el tintero
busca un final feliz.
Quizás dejar el transcurso natural
haga de todas las cosas
no esas rejas que no nos dejan ver
sino la puerta del paraíso.
