En la escoba me barriste
de entre el rellano y la acera
cruel manera de negarme
toda la vida entera.
Me echaste pimienta en la salchicha
no querías malgastar picante del bueno
no fuese que me acostumbrarse
a meterme en tu terreno.
Cepillaste mi pelo con púas y espinas
de las mejores de acero fundido
te gusta ver las cicatrices del alma
en todos sus sentidos.
Y no lo llamas odio tú le llamas amor
a tirarme por una ventana desnudo
sacarme las carnes de la nevera
lo mejor según tu santa educación.
