Me quedo
en tu semblante de hielo
en las naranjas de invierno
en tus besos de María Magdalena.
Me quedo
con tus fines de semana
a caballo entre el romanticismo
y la melancolía.
Me quedo
con todas las horas vividas
con las manos entumecidas
de tanto recorrer tu cuerpo.
Me quedo
con subirme a tu montaña
fundirme con la nieve que adoras
quedarme en ti.
