Diez minutos
los que tardé en aprender
a ver que ya nada es real
ni nada se puede tocar.
Unos minutos de lucidez
que me enseñaron a no verme
porque no soy espejo ni reflejo
sólo soy el último aliento.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco
seis, siete, ocho, nueve y diez
cada sesenta segundos de uno
que parecían siglos.
Y no tengo reloj
no me gusta controlar mi tiempo
pero no le hablo a mi muñeca
solo divago en mi mente.
