Sacudes el conejo
entre el río y la pileta
frotas su piel con cariño
separas sus carnes.
Blanda y tierna
te gusta comerte un buen conejo
ese que te trae recuerdos
de la divina juventud.
Sazonar a gusto
relamer los huesos con la lengua
poco a poco lentamente
hasta no dejar nada.
Y para no olvidar su tacto
curtir el envoltorio
prepararte un par de guantes
para que no se te escape el siguiente.
