Regalas una planta
llamada desesperanza
calculada materia viva
para ejecutar una muerte.
Has buscado el veneno
entre el verde clamor de tu ira
en cada pétalo de fuego
entre tus pechos con mala leche.
A tu puta bola
como es costumbre en ti
porque maldecir se te antoja
un rayo de dulce agonía.
Y sigues fingiendo los orgasmos
entre veladas palabras sacadas de la nada
porque en el fondo esperas
que no resucite tu subconsciente.
