Te escondiste en Alcobendas
después de perturbar la paz del Norte,
con tus bikinis ajustados a tus curvas
por las tierras gallegas.
Sacando los colores al más galán
provocando infartos en las finas arenas,
haciendo que el Atlántico hirviera
al simple contacto con tu piel.
Enamorando a todo aquel que se fijase
en lo más profundo de tu ser,
porque no todo lo que es fachada vende
además de lo bueno tienes lo mejor.
Ahora hay una playa con tu nombre
allí donde Reina un espíritu libre,
un alma errante que esta deseando
que vuelvas a el otra vez…
Posdata: Aún conservo tu mirada en mi.
