Hoy me llamaste desde tu sonrisa
te apetecía comerme los labios
devolverme por un momento a la vida.
Yo me hice el despistado
no te quería dar a entender que tu regalo
era algo tan deseado como esperado.
Todos los minutos fueron segundos
como las horas que antaño se hacían minutos
sin poder parar de hablar.
Y sigue entre tu y yo esa complicidad
de como si toda la vida fuera de nosotros dos
cuando ni el cielo y la tierra nos ha podido juntar.
Cuando tuviste que colgar como siempre
una sensación de invierno y primavera
hacían revolotear las mariposas otra vez…
