Cartas envenenadas
confesando que me persigues
que me buscas por todas partes
para rematar lo que empezaste.
No eres capaz de dejar marchar
aquello que has machacado
lo que con tus actos has humillado
y obligado a abandonar.
Después de renunciar a su vida
le clavas los clavos en tu cruz a sangre
le lanzas tus conjuros de vudú
para que no descanse.
Y no contenta con todo ello
te infiltras como un virus en su mundo
asolando todo aquello que tuvo un día
para ponerle la losa para siempre…
