Querida Reina:
Entre tu mundo y el mío hay una galaxia en la meseta, unos raíles cósmicos que cuando se acercan la Luna se cela y crea un agujero negro que por un motivo u otro no me deja acariciar tu pelo, ver tus ojos, darte las gracias por todos estos años aguantando mi rebeldía, mi ideología de San Cachondo a tu vera y las tremendas ganas de compartir contigo tantas cosas que ni mil libretas o agendas podrían ocupar en sus páginas.
Tengo un buen café en mi despensa, cosa que no me hace ningún bien porque soy más vampiro que humano y no duermo casi nada, algo que seguro me pasará factura acortando muchos años de la poca vida que por muchas cosas como bien sabes me queda por reluchar. Pero volviendo al café lo guardo como la ilusión de un niño chico de poder “invitarte” y recordar aquel tomado hace ya mucho tiempo en un bar de las Rías Baixas, donde te comía con los ojos y te deseaba con mi cuerpo.
Somos cómplices de nuestras entidades, esas que se sueñan y se quieren, quizás nunca se consuman pero cuando algo es verdadero con que sea único y sincero todo lo demás es combustible para darnos esa sangre que haga latir nuestros corazones, los dos tenemos mucho y bueno referente a los sentimientos, hasta volverte loco porque muchas veces quisieras estar en ese sofá, con esa chaqueta vieja de hace años, molestándote con chascarrillos compartiendo una película, cosas sencillas, sin complicaciones.
Me hago viejo y aún no llegue al medio siglo, a pasos de gigante, envejezco a diez años por uno y me queda un último cartucho que me gustaría no malgastar, entregar desde lo más profundo, con amor pero no del tenue sino del que dejen huella, que te recuerden cuando ya estás muerto, que todas tus cosas las pueda conservar para que no acaben en la basura y pueda hacer con ellas un bonito momento.
Decirte a estas alturas de la película que siempre nos hemos querido no es mentir al caso, de un modo u otro siempre nos hemos sentido unidos, tenemos esa afinidad de dos personas que aunque separadas por el mundo y las distancias siempre se han sentido juntas, como una pareja entre la tierra y un lugar extraño del espacio, donde a veces cuando las tonterías desaparecen pueden tener momentos de seriedad sentimental, de apoyarse y de aconsejarse en todas esas cosas que son y forman parte del día a día.
Yo he sido culpable de mis ausencias, de mis largos viajes por las autopistas de mis neuronas, de convivir con muchas razas maravillosas, de perder parte de mi sangre, pero lo que siempre sé que perdurara es el amor, el cariño y todo lo bueno que durante tantos y tantos años por ti no he perdido, siempre lo he tenido en mi y por ello te doy las gracias, por compartir tu vida con la mía, por estar siempre ahí.
Un beso.
