Me rompes las caderas
con tu locura estacional,
se nota que vuelve la primavera
estas loco de atar.
Y te quiero como un cencerro
me atrae tu faceta más inestable,
esa que nunca se sabe si viene o va
si vive de día o de noche.
Y que más me da todo eso
si con ello somos felices los dos,
si nuestros caminos por siempre
se funden en una autopista.
Y deja que lloren los pendejos
que no han tenido valor,
de afianzar como nosotros la locura
de vivir nuestro propio amor…
