Suena la melodía de la sangre
como gotas de lluvia en la montaña,
la danza de los árboles por el viento
me arrancan trozos del alma.
Soy comida para los buitres
que esperan con la entrada en mi casa,
peleándose por ver que parte
se van a llevar lejos de mi esperanza.
Suena los tambores de guerra
de mis dedos apretándose contra la cadena,
no quieren ser engullidos ni digeridos
por las bocas de las alimañas.
Y aunque todos somos pasto
de las moscas y gusanos algún día,
dejarme un poco más sentir la tierra
no tener tanta prisa…

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