Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Querida Reyes, mi musa de Alcobendas, juntos que hemos cruzado nuestras mentes durante décadas en un sin fin de aventuras por el mundo, en un barco que nos lanzo a la par de millones de palabras compartidas en las noches largas, en las llamadas interminables mientras explorábamos nuestros entornos, nuestros universos paralelos, la complicidad de estar tan cerca y tan lejos tantas veces.

Recuerdo cuando nos casamos en ese barco, cuando el capitán nos declaro marido y mujer y todas las lobas aullaron de alegría por que derrumbaste un muro que ninguna pudo conquistar, por un tiempo todas querían sacar sus fusiles y cuchillos y ser las Mata hari de Lycos, que tiempos aquellos donde los recuerdos sumaban y sumaban siempre, donde adivinábamos los pensamientos del uno y del otro, eramos uña y carne.

Y supiste estar ahí en mis viajes, en mis aventuras por el ancho mundo, a veces en silencio, otras de manera más activa sonrojándote ante una cámara, en los directos de nuestra vida, en las oportunidades aprovechadas y perdidas, en ese trastero donde una freidora sabía los secretos de tus empanadillas y en todos los poemas que escribiste en tu eterna juventud que me acompañan en todas mis mudanzas, a todos los lugares donde he compartido historias y la vida misma.

Querida Reyes y el tiempo nos ha pasado tan rápido que ya ni el graffiti perdura al pie de una farola en el parque que por una vez fue de los dos, en un océano donde supimos decir nuestros nombres entre pulpo, percebes y pimientos de padrón, siempre has sido la de los ojos profundos, la de la belleza salvaje que todo su alrededor se le queda pequeño, que siempre me acompaño allá a donde iba, aunque cometiese errores, aunque ganase en experiencia.

Ahora tu estás más joven, la plenitud con la que soplaban mis velas, donde el azote de una mujer en cada puerto era la bandera del pirata, ya de eso sólo quedan las cicatrices, pero el tiempo a ti te ha dado carta blanca, no envejecerás nunca porque has hecho un pacto con las brujas, con los duendes, con los trasnos y yo que lo pueda ver en mi vejez por mucho tiempo.

Va por ti guapa, mi musa y amor platónico, la única mujer que se caso conmigo en un barco.

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