Tener cuarenta y siete años, vivir en una cueva, estar más muerto que vivo y a la vez intentar buscar una pareja ya sea cibernética o en carne y hueso (cosa muy complicada) se me antoja una película de Tom Cruise esas de Misión Imposible. Hasta le podría buscar un titulo “chulo” para intentar llegar a los corazoncitos tiernos y apetecibles de cualquier mujer con dos dedos de frente, una escopeta de perdigones y el hacha afilada por si se escapa el conejo que se atreviese a lanzarme el órdago de proponerme como su galán, de artillería antiaérea, de fogón de cocina lenta, de mente oxidada, de erecciones de palexia.
Comprendo que para muchos la soledad es una bendición de los dioses, ¿para qué preocuparte de otro ser vivo que no se pueda meter en la cazuela?, ¡pues claro!. En mi caso la soledad se lleva mal con mi parte enferma, me obliga a pasar mucho tiempo dentro de mi cueva y relacionarme con el mundo exterior es más complicado que subir todos los días al alto de la montaña de al lado y gritar: “tengo huevos caseros”, no mentiría pero acabo haciendo la tortilla para uno, la montaña no se viene conmigo.
Suena llorón el parecer mendigar un poco de amor aunque sea por un medio poco convencional como la red, recuerdo cuando se hacían las kedadas del barco de Lycos o del chat de yahoo por toda Spain donde conocías ganado de todo tipo, tanto masculino como femenino que era para explotar y no volver a recomponerte, pero lo pasábamos de miedo, cenas, discotecas, salidas culturales de botellón y buceo, de arte y compañía, de hoteles caníbales y muchos, muchos recuerdos.
Ahora que no existe nada de eso con la sinceridad que había antiguamente de quedar más que la necesidad de esconderse tras un avatar, me pregunto como podemos hacer para “Ligar” aunque más bien a estas edades es amistad, compañerismo, el derecho al roce de una caricia y no estar buscando siempre montar a la gallina dorada, más bien, acomodar los huevos en el gallinero. ¿Cómo podemos encontrar a personas afines, a esa pareja que no busque nada más que la compañía, el no estar solo?, ¿cómo se puede ligar en la frontera de los cincuenta sin que suene cursi ni parezcas un necesitado?, ¿cómo puedes darte a ver encerrado en un mundo donde nadie se abre?, ¿por qué si haces tomate casero triturado y no lo congelas a los dos días ya no vale un pimiento?.
Me gustaría encontrar una pareja que no viese los defectos que uno no oculta porque es de decir verdades y se fijase en como la soledad se pudiese evitar dando ese paso de decir hola, a que quieres que te hable y nos contemos batallitas, viejo.

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