En el frío de mis últimos años, aunque sé que no me merezco tanto castigo, soy un fantasma de lo que era, pero a pesar de todo los muros que se ponen a mi paso, a pesar de las adversidades aún respeto mi sonrisa, aunque incluso reírme me duela. Pero quiero compensar mis enfermedades con todo aquello que pude hacer hasta este punto y doy gracias, a mi manera, pero estoy agradecido.
He podido conocer el amor verdadero desde muy joven, casarme con ella y estar a su lado hasta su último momento en este lado de la vida. He podido acertar o equivocarme en otros intentos por el ancho mundo pero siempre quedando lleno de experiencias y vivencias que han dejado mis diarios llenos de anécdotas y tatuajes en el corazón, cicatrices y alegrías que recuerdo con total nitidez.
Tengo la suerte de que ahora que vivo solo tengo en la distancia la compañía de personas que aunque no están aquí a mi lado me dan consuelo y compañía mientras lucho por poder levantarme y salir, de que la dependencia de médicos, especialistas, enfermeras, medicinas, hospitales, me sean más llevaderos y no considere una tortura pasarme más tiempo con ellos que con el mundo que me gustaría vivir.
Ahora pasar una hora lucido sin dolor y con fuerzas jugando con mi gato es motivo de celebración, cuando puedo bajar a la ciudad desde mi cueva por mi propio pie y luego pasar un par de horas paseando con mi cámara como en los viejos tiempos me llena el corazón, aunque luego roto me pase dos días en cama de mal humor y quebrado en todo mi ser, con los opiáceos nublándome el sentido y las defensas de mi cuerpo más bajas que las rebajas de Enero.
Pero a pesar de todas mis quejas entre estas líneas doy gracias por estar vivo.
Feliz 2019.

Deja un comentario