Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Me duele el membrillo de tenerlo tan dulce, metáfora de mi cerebro lleno de gusanos después de realizar el coito con una vieja almohada. Y es que para alguna-o soy lo más perro que te puedas llevar al hueso, o que por ser viejo, pobre y loco se me puede meter un pepino por el culo y cantar como Placido Domingo sin hacer un solo gallo. Bicho de plumas que quedaría cojonudo en el plato del mediodía que ya está bien de tanto bocata, que entre eso y las pastillitas de la felicidad pareces Obelix en una racha mala de fentanilo.

Y hoy me he tirado un pedo, lo sé, asusta. Y no me dio tiempo de grabarlo y enviarlo por teléfono más allá de lo que me permite la estrella de la muerte, que la tengo todas las noches de luminaria al lado de mi ventana, hay que joderse con la bipolaridad de la persiana.

Y me trisca la columna desde el cuello hasta la curvatura del culo, la pobre ha pasado por momentos mejores ahora es como un arco usado por una cazadora en medio de un pantano perseguida por una pitón, que por cierto, que rica la carne de serpiente con su salsa picante y sin veneno, que aunque serpiente de abrazos prietos no suelta colmillos a tu paso como vampiro errante.

Miércoles, la lluvia sigue lavando mis platos y los calzoncillos marranos que uso como tirachinas para cazar algún pájaro. Hoy por ser mitad de la semana y con la mitad del libro sobre las “investigaciones sobre la organización de los cuerpos vivos” por la mitad y los ojos rojos como recién salido de un after hour creo que decantaré mi tarde a ver un par de películas ahora que ya no puedo hacer streaming en directo con mi amada Kassandra y mi adorado Assassins creed odyssey en Twitch, lo malo es que al tener el cuerpo podre tragas más películas que un crítico de cine y a saber que me encontrare por la tele-hipnótica que haga que me salgan llagas del interés en las posaderas, esas tan reconocidas por mi enfermera cada vez que me clava las banderillas cuando me convierto en momia.

Así que con unas y con otras os deseo que no me toquéis las … palabras se las lleva el viento y aquí en Galicia a la niebla le decimos en nuestro idioma: Brétema. (¡eah ya sabéis una cosa más!)

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