Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Después de la muerte de mi ordenador y con el gusanillo en los dedos masturbadores me baje la aplicación al móvil de wordpress para poder seguir dando disgustos a todos aquellos merodeadores de mi cueva, que olían mi defunción de las letras y como sus cohetes de alegría se oían por toda la comarca. Es difícil dejar de escribir cuando llevas toda la vida, mas difícil es pedir ayuda para recomponer tu ventana parasitaria como es un pc nuevo, más cuando todos tienen telas que rasgar y los langostinos se preparan en la mesa y te rindes pero ves en tu móvil no solo el posa-vasos del vaso de agua de tu palexia, esa que tomas como gominolas para articular palabra y hacer el meneito.

Y aunque te gustaría dentro de tu pobreza mística tener un buen aparato para poder usar todos los programas heredados para edición de fotografía, vídeo, pornochacha, etc, etc, para el tiempo que nos queda por vivir seamos justos con uno mismo y mejor quedarse con el bocata de mortadela (la odio jajaja) y que el caviar se lo coman otros.

Y siendo sincero el móvil lo tengo abandonado por completo, ya que solo tengo a una persona en mi whatsapp y en la agenda un solo contacto, aunque lo uso más para hacer fotografía cuando salgo de la cueva, llovieron aquellos tiempos donde tenía una cámara de fotos con objetivos intercambiables, todo se fue vendiendo para seguir viviendo, a los que estamos para arrastras canastas con los huevos para no rompernos las rodilleras no nos dan cobijo en ninguna nomina y de donde te dan el pan, el moho llega más allá de un tocho de archivos donde sólo los navegantes de orillas lejanas tienen más derechos que tu.

Así que poco a poco mientras no me deje las uñas de modelo en la pantalla táctil de mi cuatro esquinas ni los ojos iré escribiendo lo que siento, además la funcionalidad es excelente, puedes estar cagando y escribir a la vez un poema de amor perdido entre papel higiénico. Eso sí rezar a San Gorrinillo de la estercolera que no se me joda lo último que me queda para ver envejecer mi última neurona al ritmo de “Pienso en tu mirá” de Rosalía.

Gracias a todos por estar ahí y a lo que no estáis también.

Posdata: Semana de lluvias con fuertes vientos, menos mal que me traje cuatro libros de la biblioteca porque la luz se va más veces que en un concierto de luciérnagas borrachas.

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