Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Se le rompió la bolsa de la basura justo en el momento que iba a meterla dentro del contenedor, dejando el suelo de la acera como una obra de arte moderno de esas de dudoso gusto. Las personas que pasaban a su lado se fijaban en los restos como aves de rapiña. Te podrías encontrar de todo, unas pilas sin reciclar en su respectivo deposito, tampones, condones usados, lápiz de labios que tuvo mejores momentos, envases de comida congelada, una camiseta rota, un plato roto, un vaso roto, un sin fin de materiales de desecho que no se reciclaron debidamente.

Los murmullos de todo tipo mientras la protagonista se afanaba a manos descubiertas a meterlo todo en el contenedor lo más rápido posible, eran desde el surrealismo hasta lo chabacano, y una hoguera inquisitoria se prendió en la almeja corazón de la dueña de la basura en cuestión. Y con un sonoro “ya noooo yaaaa yaaaa que a vosotros nunca se os ha roto nada yaaaa me cago en los cimientos de la civilización” “Puñeteros”.

Cuando termino de recogerlo todo y de enfadarse con el mundo sacudió las palmas de las manos en las cachas del culo, como si esa parte fuese una toalla y tiro millas para el piso, dónde un sociable y osito de peluche (perdón, marido) la esperaba. ¡Amor ya de vuelta!. Ella que no tenía el chichi para farolillos le clavo con la mirada “ni amor ni amorfa no tengo el día para que me calientes el frenillo”. ¿Pero qué ha pasado mi pitiminí?.

Una colleja en la nunca rompió la barrera del sonido en la habitación del piso, un marido tambaleante y con un hilillo de sangre en la nariz por la presión de las fuerzas G sobre la nunca desviando toda la masa cerebral a los ojos estaba a punto de desplomarse. La mujer mirándolo le suelta “no te atrevas a caerte que no estoy hoy como para recoger más basura del suelo”…

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