Me contaste una vez
entre los lirios y las rosas
que en tu cuarenta primavera
dejarás de celebrar tu cumpleaños.
Mi asombro fue tan emocionado
que toque tu rostro con cariño
y la caricia que te brinde fue tal
que desayunaste mis labios con mantequilla.
Te dije entre tu lengua y la mía
que los años que se cumplen caen en saco roto
si no dejamos que nos pesen en el cuerpo
y mantenemos la mente de cuando niños.
Tu sonrisa ilumino el mundo
la determinación de que creyeses en tu juventud
abrió el cielo de nuevas fantasías
hice que tu sentir fuera más corazón que nunca.
Y cuando cumplas los cuarenta
yo te mandare una postal con retardo
para que solo te llegue el día
que cumplas los cincuenta…

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