Hace mucho frío
cuando cabeceamos
pero los dioses alimentan
las horas de nuestros corazones.
No te dan las gracias
después de doce horas con ellos
pero te dejan el culo bien pendejo
después de un largo trabajo.
Con el amargo sabor
de intentar entrar en su mundo
lo mejor es lo que no se ve
y la ventana que se diseña.
Así que a dos carrillos
comemos lo que vemos y compartimos
asentimos con la cabeza primitivamente
y esperamos la invitación de los dioses…

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