Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Hace mucho frío

cuando cabeceamos

pero los dioses alimentan

las horas de nuestros corazones.

No te dan las gracias

después de doce horas con ellos

pero te dejan el culo bien pendejo

después de un largo trabajo.

Con el amargo sabor

de intentar entrar en su mundo

lo mejor es lo que no se ve

y la ventana que se diseña.

Así que a dos carrillos

comemos lo que vemos y compartimos

asentimos con la cabeza primitivamente

y esperamos la invitación de los dioses…

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