La sal de mi mar
es el recipiente de tu boca
cuando usas con mi lengua
el placer de tus entrañas.
Tus pulpos tus senos coralinos
pezones de sabiduría cotidiana
religión tomada y colmada
por las necesidades humanas.
Con el canto de tu clítoris
en modo arpa repetitiva
no hay nada que mejor me enseñes
que las curvas de tu vida.
Y me consumes en una etapa
la que te atrae en los olores
te recicla el alma corrompida
y me suelta un te quiero benevolente…

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