Once horas y veinte minutos
fue el coito de nuestras vidas
como un largometraje eterno
como una cuesta sin frenos.
Uno tras otro sin casi descanso
paradas para comer y beber
reponer energías sin publicidad
directos a la acción mas placentera.
Y cuando llega el final agotados
con nuestros cuerpos fundidos
el separarse es cuestión de física
pero no olvidaremos nunca la química…

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