Tengo el mofongo muy verde
que hasta el chicharrón se escapa,
tu plato huele a sal marina
mi boca a miel de Kassandra.
Me ahogo en tu sancocho
me abofetean tus verduras salvajes,
que quieres que te diga por la noche
que no suene el llanto de mi estómago.
Ya no tengo lágrimas por ti
nada más me caen arroz con gandules,
metáforas planas de tu batido ferviente
del abrazo que parió tu mente.
Vendrán los tiempos corrientes
de fuego de leña y cocoteros a la sombra,
de deslizarme como miñoca por la arena fina
en busca una vez más del Atlántico…

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