Ella se reflejaba en la sonrisa de él cuando le permitía jugar con sus juguetes de la antigua Asia Oriental. Le encantaba ser agresiva con las espadas Samuráis como si fuera el fundador Jinmu en persona, eso si, con melones y sandias, la cabeza de él no corre peligro.
Pero lo que más caracterizaba a la muchacha eran sus versos amorosos, dedicados a su amor eterno, con la anotación tatuada “hasta que la muerte nos separe”. Y hoy les dejare uno de ellos…
Mi lengua
es mi espada
clavada en tu culo
amargándote el alma.
Preñada del filo
que asusta a la seda
me meriendo tus ojos
me acuesto en la tierra.
Mi espada en tu vientre
hacia abajo cortante
te amo sin tus orejas
te quiero sin tus pelotas.
Mis manos en tu pecho
cuchilladas finas
profundas en tu corazón
secándote la sangre…

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