Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Mi enfermedad es lo más parecido a una cárcel con grilletes. Me absorbe durante días sin poder moverme de mi habitación y cuando todo mi cuerpo se pone de acuerdo me libera un día o dos para que salga al mundo, condenándome el resto de la semana o del mes a la oscuridad y el dolor.

Cuando has viajado por medio mundo y vivido en distintas ciudades con la alegría y la fuerza que te otorgaba la juventud, ahora que aún estás en una edad de aventurarte ser esclavo de lo que decida tu cuerpo y no tu mente te duele más que el propio dolor que recorre cada centímetro, demasiado dolor que llega a rendirte y llegas a pensar que un día más es una victoria y que algún día darán con la tecla para que puedas tener una vida normal.

Lo malo de esa tecla es que la vida avanza rápidamente y te quedas inútil para un mercado laboral que aunque tengas más ganas que nadie te limitan y te niegan, perdiendo esa calidad de vida que ya no tenías por la enfermedad pero que también pierdes porque no tienes ingresos para vivir dignamente y en todo su conjunto lo pasas realmente mal.

A veces piensas en quitarte de en medio, después de años maravillosos donde todo era perfecto, la enfermedad te postra y te deja solo, te abandonan silenciosamente porque piensan que serás una carga y te despiertas un día y toda aquella gente que pensabas que era tu pareja, amistades, familia, ya no están, si, bienvenido al mundo de los parias. Y crees que desaparecer puede ser la mejor solución porque la ignorancia del no saber que hay más allá te deprime menos de lo que te toca vivir en el ahora.

Hay días que vivir en la cúpula de internet te otorga alguna sonrisa, lees a gente maravillosa, observas todo desde otra perspectiva, lo malo es que no sabes cuanto va a durar.

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