Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Me desabrochaste la blusa con tu mano sin separar tu mirada de la mía. Dejaste mis senos desnudos contra tu pecho y mis pezones se convirtieron en volcanes a punto de llenarte de placer. El simple contacto de tu piel contra la mía, compartiendo los poros, la insinuación y nuestra saliva era el complemento ideal esperando que nuestros juegos se consumasen en una penetración deseada, cabalgando al son de un solo de batería de Deep purple, embistiendo y llenándome, gozandolo.

 

Y me dolía cuando llegaban las mañanas, no por el frío y la escarcha, sino por tu partida de mi cama hacia tu casa, allá donde te esperaba tu mujer. Aquella que en su frialdad no le importaba donde mojaras las ansias mientras la cubrieras de otras cosas, sus joyas, sus abrigos de visones moteados, de sus cafés en los casinos, de su estupidez como ser humana. Pero mi rol era amarte, ser tu amante, aquella que te comiese a besos, te chupase cada centímetro de ti, de tu arma creciente, la que derrotaba mis labios inferiores, la que me dejaba sin palabras, para seguir siendo tu concubina, la zorra que te hace el amor porque tu mujer es demasiado fina para ponerse contra la pared y pedirte que la sacudas hasta el fondo de su ser.

 

Esta noche te estaré esperando, sacare mis mejores sedas, me depilare otra vez como cada día para que este como un melocotón, tierno, suave, para tu lengua, para ti. Y te dejare que me abras de piernas, me comas a besos y me digas una noche más porque te comparto, porque permito que uses mi cama estando casado con otra, porque dejo que me sigas follando tan bien, tan particular, tal como a mi me gusta.

 

Suena el timbre, ya estas aquí.

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